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	<title>distimia</title>
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	<description>Recomendaciones culturales</description>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/07/19/la-mistica-del-bolso">
	<title>La mística del bolso</title>
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	<dc:date>2008-07-19T11:31:42Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Fobias</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p>Veamos. Hoy me apetece hablar de bolsos. Puedo conceder que no sea un tema interesante para algunos, y m&aacute;s si no pienso en deleitarme con el, en algunos casos, atractivo exterior, sino desplegando una diatriba sobre las caracter&iacute;sticas inherentes, latentes. En fin, que me quiero poner filos&oacute;fica.</p><p>Los bolsos. Los hay bonitos y feos (la mayor&iacute;a suelen parecerme de este segundo tipo), &uacute;tiles o in&uacute;tiles. Incluso lo hay que consiguen sacarte de quicio porque se esfuerzan en engullir todo lo que metes en ellos de tal manera que es casi imposible hac&eacute;rselo vomitar despu&eacute;s (este tipo es el bolso agujero negro). Pero todos, por incre&iacute;ble que pueda parecer, comparten una misma caracter&iacute;stica: generan un sinf&iacute;n de necesidades femeninas. Algunos hombres, por envidia (se ha hablado largo y tendido de la envidia de pene freudiana, pero yo veo m&aacute;s com&uacute;n este otro trastorno que se produce en los varones) han decidido hacerse con uno de esos horrorosos bolsos para machos que pretender ser disimulados bajo el rid&iacute;culo nombre de &ldquo;bandolera&rdquo;. Siempre me pregunto de qu&eacute; t&eacute;rmino lat&iacute;n (o griego) debe proceder. Hum, un tema interesante, pero no sigamos por el lado de lo ling&uuml;&iacute;stico. Yo lo que quiero decir, ni m&aacute;s ni menos, es que el bolso como objeto cre&oacute; una necesidad; el continente se convirti&oacute; en algo m&aacute;s importante que el contenido. Y muchas mujeres, la mayor&iacute;a de hecho, nos esforzamos por alimentar a nuestro animal glot&oacute;n a base de cosas innecesarias desde el momento que le sacan del est&oacute;mago el papel de peri&oacute;dico que hasta entonces lo llenaba. Y nosotras, venga a llenar ese espacio. Llenarlo hasta reventar, como si en lugar de un objeto glot&oacute;n fuera nuestro beb&eacute; glot&oacute;n, y todo el mundo sabe que las madres siempre quieren que sus ni&ntilde;os est&eacute;n excesivamente bien alimentados.</p><p>&iquest;Somos las mujeres v&iacute;ctimas de unas sociedad que nos obliga a llevar un trozo de tela con cremallera y asas a todas partes? &iquest;No es si lo pensamos bien un tanto rid&iacute;culo que la silueta femenina se vea acompa&ntilde;ada a casi todas partes por este complemento (imaginaos tan s&oacute;lo un momento posando para una foto con uno y pretender resultar sugerente)? Porque el bolso es un complemento tenido en gran estima pero, &iquest;hasta qu&eacute; punto no deber&iacute;a m&aacute;s bien ser denostado por su naturaleza desp&oacute;tica? &iquest;En qu&eacute; clase de mundo vivimos que nos obliga a cargarnos al hombro todo este mont&oacute;n de trastos, que nos hace movernos siempre con nuestra casa al hombro, que nos hace temer continuamente que all&aacute; d&oacute;nde vayamos no encontraremos todo lo necesario para sobrevivir&nbsp;y que m&aacute;s vale que lo transportemos encima?</p><p>Una esclavitud impuesta hace mucho por alguna s&oacute;rdida mente masculina. Un tirano.<span>&nbsp; </span>Algo Infinitamente m&aacute;s vil y pero que mucho m&aacute;s maquiav&eacute;lico que un burka. Eso es nuestro bolso. As&iacute; que yo digo; quememos nuestro bolso como gesto de liberaci&oacute;n sexual, as&iacute; como las mujeres de otra generaci&oacute;n quemaron sus sujetadores. Sed libres, hermanas, os lo merec&eacute;is, llev&aacute;is demasiado tiempo oprimidas (y cargadas).</p>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/07/09/persona">
	<title>Persona</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/07/09/persona</link>
	<dc:date>2008-07-09T13:18:16Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Personal</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://distimia.bitacoras.com/fotos/persona.jpg" border="3" alt="" width="250" height="200" align="right" />A veces, no s&eacute; qu&eacute; me pasa, no comprendo que pueda habitar dentro de mi cuerpo. Por decirlo simple y llano, se me hace raro que ser yo consista en esto. En necesitar de un objeto f&iacute;sico en el que quepa, y que &eacute;ste se vea pose&iacute;do por todo lo dem&aacute;s que tambi&eacute;n soy yo; mi alma, mi esp&iacute;ritu, mi esencia, como se quiera llamar; todas esas chorradas que sirven para definir a un ser humano m&aacute;s all&aacute; de su envoltorio material.</p><p>Quiz&aacute;s para trascender ese envoltorio, para sentir que sale y se libera un poco de &eacute;l, la gente habla tanto. Para no sentirse tan esclava y oprimida por la simple anatom&iacute;a. O tal vez lo mejor sea todo lo contrario; dejar de hablar, permanecer mudo y as&iacute; parar de mentirse. Callar para no tener que decir cosas que en realidad no se sienten. </p><p>Me miro al espejo y no me lo creo, &eacute;sta soy yo, yo, y ser yo a ratos es algo tan raro&hellip; me siento un extra&ntilde;o dentro de este cuerpo; no tuve ninguna capacidad de elegir sobre &eacute;l, simplemente se desarroll&oacute; como quiso. Y sigue haci&eacute;ndolo. Ahora seguramente empiece en breve un proceso de envejecimiento. Me estoy oxidando al tiempo que respiro, cada vez que inhalo. Y por dentro me pregunto si sigo siendo la misma, si mi cerebro es completamente igual, con sus ideas, fantas&iacute;as y emociones, a como lo era, por ejemplo, ayer &iquest;Si cambiara mi cuerpo cambiar&iacute;a mi alma, y al rev&eacute;s?&Eacute;sta es mi voz. Me cuesta creer que sea &eacute;sta. Que tenga una y que sea &eacute;sta. S&iacute;, &eacute;sta, &eacute;sta. Ninguna otra. Mi voz tambi&eacute;n es algo que me cuesta reconocer como m&iacute;o, me parece absurdo que salga de un proceso de esfuerzo de mi cuerpo y que &eacute;sta tambi&eacute;n sea yo. Hasta mi forma de moverme es una desconocida para m&iacute;, una compa&ntilde;era insospechada. </p><p>Los dem&aacute;s tienen m&aacute;s conciencia de c&oacute;mo soy que la que logro tener yo. Ellos pueden mirarme a la cara, y hasta a los pies si quieren y hacerlo desde una perspectiva que para m&iacute; es imposible. Puedo mirar mis manos mientras tecleo esto, y sentir que est&aacute;n al rev&eacute;s, mientras que los otros las ver&aacute;n del derecho. Necesitar&iacute;a abandonar el cuerpo, empecinarme en conseguir un viaje astral y, as&iacute;, por primera y tal vez &uacute;nica vez en toda mi vida, poderme mirar a la cara. Qu&eacute; suerte que tienen los muertos de poder escapar de su cuerpo, quiz&aacute;s incluso de poderlo contemplar durante un instante, de tener una verdadera perspectiva de qui&eacute;nes fueron ellos. Tal vez si lograse verme a m&iacute; de esa manera en lugar de tener que recurrir siempre al subterfugio de un espejo, a la auto-visi&oacute;n diferida, ser&iacute;a capaz de comprenderme y ese descubrimiento me guiar&iacute;a a trav&eacute;s de toda mi existencia.Para intentar sentirme m&aacute;s yo, para dominar un poco este cuerpo que me toc&oacute; porque s&iacute;, lo visto como pienso que es la mejor manera de reflejar mi alma. Por eso no me gustan los uniformes, porque no dejan ver ni una pizca de lo que es nadie.</p>Etiquetas: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/personal">personal</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/persona">persona</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/ingmar+bergman">Ingmar Bergman</a>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/06/30/el-ladron-de-chicles">
	<title>El ladrón de chicles</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/06/30/el-ladron-de-chicles</link>
	<dc:date>2008-06-30T08:11:50Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Literatura</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://distimia.bitacoras.com/elladrondechicles350.jpg" border="3" alt="" width="200" height="310" align="right" />Me gusta <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Douglas_Coupland" target="_blank">Douglas Coupland</a>. Lo reconozco; no creo que haya nada de malo en leer de tanto en cuando (he estado repasando lo escrito en esta p&aacute;gina y me doy cuenta de hasta qu&eacute; punto le puedo sonar anticuada a alguien que no me conozca) a un escritor dl grupo que yo llamar&iacute;a el de los modernillos. Si hubiera que clasificar a nuestro viejo amigo Coupland, Chuck Palahniuk y&nbsp;Bret Easton Ellis, por poner s&oacute;lo los ejemplos que me vienen m&aacute;s r&aacute;pido a la memoria, en alg&uacute;n tipo de generaci&oacute;n yo inventar&iacute;a sin dudarlo, como hubo quien alguna vez invent&oacute; la generaci&oacute;n del 27 o la generaci&oacute;n beatnik,&nbsp;la generaci&oacute;n de los modernillos. Aunque seguro que la categor&iacute;a que los engloba ya ha nacido y ha sido bautizada con un nombre original y ocurrente, con un vocablo ingenioso y, por tanto, m&aacute;s adecuado a las circunstancias de esta gente. Porque si de algo no cabe duda es de que vivimos en una sociedad en la que nos encanta clasificarlo todo; tal vez no nos sirva mucho para llegar a comprender, pero desde luego es un primer intento y una muestra de inter&eacute;s. As&iacute;, durante el ejercicio de ese trastorno obsesivo compulsivo clasificador nacieron la literatura femenina, las pel&iacute;culas de culto, la m&uacute;sica indie, los alimentos sanos e incluso la generaci&oacute;n X, denominaci&oacute;n por la cual no s&eacute; si se le deb&iacute;a pagar o no copyright a Coupland. Y todos nos hicimos vegetarianos, mods, budistas o ultraconservadores, por la sencilla raz&oacute;n de que llevar s&oacute;lo las etiquetas de hombre o mujer, joven o viejo, es algo muy manido y por tanto terriblemente anodino. Es como si las cosas no hubiesen existido o no hubiesen tenido sentido hasta que se les puso un nombre. De alguna manera la realidad no naci&oacute; hasta que no naci&oacute; el lenguaje, y de esto ya se ocuapaba hace mucho tiempo gente como Witgeinstein&nbsp;u otro que no recuerdo&hellip;&nbsp;</p><p>Pero vuelvo a Coupland, claro. Fue &eacute;l, nuestro querido autor, quien escribi&oacute; un libro titulado Generaci&oacute;n X que sirvi&oacute; para fingir que pod&iacute;amos definir a&nbsp;un mont&oacute;n&nbsp;de&nbsp;gente en los a&ntilde;orados noventa (no, los noventa no fueron un invento de <em>Reality Bytes</em>, sucedieron de verdad). Al igual que, se me ocurre, Nabokov escribi&oacute; una novela con la que su mayor logro (aparte del de&nbsp;escandalizar a todo dios y convertirse en obra de referencia para cualquier aspirante a escritor, por supuesto) fue que cierto prototipo de jovencita con &iacute;nfulas de&nbsp;criatura lasciva fuera a parar dentro de un grupo de clasificaci&oacute;n denominado <em>lolita</em>. La literatura y los autores siempre han tenido ese poder para crear combinaciones de palabras con las que nombrar y a ratos incluso clasificar las cosas, por algo dominan y domestican las letras. Y ahora m&aacute;s que en sin&oacute;nimos como <em>dantesco, kafkiano o s&aacute;dico</em> estoy pensando en que si George Orwell no hubiera acu&ntilde;ado las palabras Gran Hermano, el t&iacute;tulo de estos reality shows hubiese sido mucho m&aacute;s sosainas y por supuesto mucho menos evocador. </p><p>Si los ochenta fueron gloriosos, los noventa, aunque a ratos algo pesados, tambi&eacute;n. Y Douglas Coupland escribi&oacute; un libro que poco deb&iacute;a tener que ver con la gente que pobl&oacute; aquella generaci&oacute;n, m&aacute;s que nada porque por aquel entonces la mayor&iacute;a de seres humanos ya eran tan aburridos y faltos de inter&eacute;s como ahora. Sin embargo, los personajes de su novela, molaban. Yo quer&iacute;a tener amigos como ellos. Para que os hag&aacute;is una idea, uno de los chicos protagonistas quemaba el coche de su jefe a causa de una gamberrada y luego se encontraba a &eacute;ste, que era un tipo simp&aacute;tico, en una fiesta y hac&iacute;a como si nada; y la &uacute;nica chica del relato esparc&iacute;a por error material radioactivo por la sala de estar de uno de los chicos. Y por supuesto, como en cualquier buena novela de Coupland que se precie de serlo, todos estaban obsesionados con el apocalipsis. S&iacute;, eran muy guays. En serio que hay que tener un gran talento y mucho ingenio para escribir di&aacute;logos que consigan que desees ser amigo de unos personajes de ficci&oacute;n. </p><p>Por alguna raz&oacute;n, seguramente porque lo que me explican no mola tanto, leyendo <a href="http://www.elalepheditores.com/es/llibre/el-ladron-de-chicles_9950.html" target="_blank">El ladr&oacute;n de chicles</a> no me entran ganas de intimar con Brittany o Roger. S&iacute; que me interesar&iacute;a, en cambio, ser vecina de la pareja mayor que protagoniza el libro que escribe Roger en sus ratos libres en su trabajo en los grandes almacenes de material de oficina Staples. </p>Etiquetas: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/libros">libros</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/literatura">literatura</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/douglas+coupland">Douglas Coupland</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/generaci&oacute;n+x">generaci&oacute;n x</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/chuck+palahniuk">Chuck Palahniuk</a>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/06/28/el-instante">
	<title>El instante</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/06/28/el-instante</link>
	<dc:date>2008-06-28T15:55:34Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Literatura</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p style="margin: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"><img src="http://distimia.bitacoras.com/amant.jpg" border="3" alt="" width="200" height="250" align="right" />Debo decir que mi fracaso o, como m&iacute;nimo,&nbsp;mi ausencia de &eacute;xito &ndash;al menos en el sentido que mis padres podr&iacute;an entenderlo- empez&oacute; a&nbsp;intuirse el d&iacute;a&nbsp;en que me vi&nbsp;inmersa en el primer curso del por aquel entonces nuevo plan de ense&ntilde;anza, o sea, ESO; &eacute;sa&nbsp;fue la circunstancia que me abri&oacute; los ojos definitivamente y me hizo ver&nbsp;demasiado a las claras que la mayor&iacute;a de mis compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n eran casi completamente idiotas, y que, como ser social que era y en parte sigo siendo, poca motivaci&oacute;n pod&iacute;a llegar a&nbsp;encontrar en una estructura&nbsp;plagada de gente as&iacute;. Yo odiaba a todo el mundo ah&iacute;, a&nbsp;quienes llenaban el aula, m&aacute;s de lo que hab&iacute;a odiado nunca a aquellos con quienes me hab&iacute;a encontrado con anterioridad. Y para seguir en mi estado de estupor me vi abocada a una serie de asignaturas in&uacute;tiles y an&aacute;rquicas&nbsp;llamadas cr&eacute;ditos que creo que ibas escogiendo sobre la marcha, que resultaban una&nbsp;absurda p&eacute;rdida de tiempo y, sobre todo, una nueva inmersi&oacute;n en el infierno del instituto, entre las que la que me parec&iacute;a&nbsp;m&aacute;s aceptable a priori&nbsp;era la asignatura&nbsp;de franc&eacute;s. En &eacute;sta nuestra profesora era una mujer mayorcita, exazafata belga para m&aacute;s se&ntilde;as, que nos inform&oacute; con todo lujo de detalles&nbsp;sobre las ventajas e inconvenientes del trabajo en las alturas&nbsp;y llev&oacute; a varias chicas a pretender escogerlo como oficio so&ntilde;ado;&nbsp;adem&aacute;s&nbsp;nos explic&oacute; varias y&nbsp;sosas an&eacute;cdotas de su vida. No recuerdo haber aprendido demasiado&nbsp;del idioma de las Galias&nbsp;m&aacute;s all&aacute; de los n&uacute;meros y la frase <em>t&uacute; me haces vomitar</em>, y de hecho&nbsp;no me atrevo a escribirla aqu&iacute;&nbsp;en versi&oacute;n original&nbsp;porque me temo que lo har&iacute;a de forma incorrecta. Sin embargo, esa mujer s&iacute; que&nbsp;descubri&oacute;, contra todo pron&oacute;stico, algo a mis o&iacute;dos abiertos&nbsp;ya por entonces a la&nbsp;aleatoriedad de cualquier recomendaci&oacute;n literaria que se pudiera dar como sin querer, as&iacute; que yo cac&eacute; al vuelo el nombre de <a href="http://marguerite_duras/">Marguerite Duras</a> en cuanto lo extendi&oacute;; y luego ella&nbsp;se&nbsp;dispuso a&nbsp;regalarnos un relato acerca de&nbsp;los m&eacute;ritos sin parang&oacute;n de dicha autora. Y desde entonces, nunca me he arrepentido de haber estado atenta&nbsp;en la clase de franc&eacute;s.</p><p>Esto fue con &nbsp;lo que me top&eacute; m&aacute;s tarde cuando me puse a leer: Marguerite Duras capta como nadie un instante en la vida, en la vida de una persona que podr&iacute;as ser t&uacute;. S&iacute;, t&uacute; podr&iacute;as haber vivido esa cosa y esa misma cosa haber sido vivida por otro, y esa uni&oacute;n, esa capacidad de mirar a alguien y saber que&nbsp;quiz&aacute;s se encuentra&nbsp;en la misma circunstancia que t&uacute;, que podr&iacute;a estar ligado a un instante similar al tuyo lo hace tan cercano como extra&ntilde;o. Las palabras no son pronunciadas y el tiempo se detiene, y s&oacute;lo queda ese instante que podr&iacute;as recordar eternamente, ese instante por el que ser&iacute;as capaz de tolerar vivir toda una vida. Y aunque est&eacute;s viejo y arrugado recuerdas ese instante &uacute;nico en el que te encontraste inmerso, eras&nbsp;el protagonista y ten&iacute;as la piel tersa y suave. El instante, &eacute;se nombre en franc&eacute;s es el m&aacute;s adecuado que he o&iacute;do nunca para un perfume. Porque una fragancia podr&iacute;a ser justamente esto, la evocaci&oacute;n de un momento de gloria, de una intermitencia del coraz&oacute;n.</p><p>En<em> El amante</em>, su novela m&aacute;s famosa y por la que recibi&oacute; el premio Gouncort, uno de los m&aacute;s importantes de las letras francesas, en el a&ntilde;o 1984,&nbsp;se nos cuenta una historia hasta cierto punto autobiogr&aacute;fica,&nbsp;la relaci&oacute;n que una chica francesa muy joven que vive en las colonias mantiene con un rico y enfermizo heredero asi&aacute;tico, la casi prostituci&oacute;n que &eacute;sta supone y la&nbsp;existencia miserable&nbsp;en un rinc&oacute;n del mundo donde todo el a&ntilde;o el calor es asfixiante y el chino es como un idioma gritado en el desierto. Duras lo hace con un estilo simple y seco, en presente y en primera persona, con frases repetitivas que consiguen recrear la fuerza de ese momento &uacute;nico que uno ha de recordar siempre, que alg&uacute;n d&iacute;a, en una tarde cualquiera, sentado en una butaca revisionando tu vida&nbsp;te acudir&aacute; de nuevo a la mente. Vale la pena invertir una cuantas horas, no hace falta que sean muchas, de un d&iacute;a de,&nbsp;por ejemplo, este verano en este librito. Se lee r&aacute;pido y se lee bien. Y lo mejor, lo que queda de&nbsp;&eacute;l al&nbsp;juntar la tapa posterior con el resto de hojas del ejemplar&nbsp;es mucho, tan intenso y crudamente evocador como <em>el instante</em>.</p><p>Aparte del inter&eacute;s de Marguerite Duras por la literatura hay que destacar sus inmersiones en el mundo del cine, como guionista e incluso como realizadora. Pero de estas facetas ya da buena cuenta la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marguerite_Duras" target="_blank"><font color="#800080">Wikipedia</font></a>&nbsp;, que para eso es menos vaga.</p><p>Har&aacute; un par de a&ntilde;os visit&eacute; la tumba de Charles Baudelaire en el cementerio Montparnasse y fue una sorpresa para m&iacute; descubrir que ah&iacute;, muy cerca del gran poeta, hab&iacute;a ido a&nbsp;que la roieran los gusanos&nbsp;la gran escritora. El ver a ambos tan de cerca me&nbsp;llev&oacute; a entrar en&nbsp;&eacute;xtasis. Por supuesto.</p>Etiquetas: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/libros">libros</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/marguerite+duras">Marguerite Duras</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/el+amante">el amante</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/literatura+francesa">literatura francesa</a>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/06/25/unico">
	<title>Único</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/06/25/unico</link>
	<dc:date>2008-06-25T11:11:15Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Audiovisual</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<img src="http://distimia.bitacoras.com/unico.jpg" border="0" alt="" width="200" height="441" align="right" />Un d&iacute;a, supongo que un s&aacute;bado o un domingo cualquiera, entr&eacute; en el comedor amplio y luminoso del piso de mis padres, encend&iacute; la vieja tele que no ten&iacute;an ninguna intenci&oacute;n de cambiar por una m&aacute;s nueva con mando a distancia y mucho menos de completar con un v&iacute;deo, tal y como hab&iacute;an hecho ya los padres de todas mis amigas, me sent&eacute; en el sof&aacute; azul el&eacute;ctrico que estaba ah&iacute; desde que se casaron (aunque quiz&aacute;s estos objetos no eran a&uacute;n viejos entonces pese a que es lo que pretendo sugerir, sino que lo ser&iacute;an s&oacute;lo cuando entraran a formar parte de mis recuerdos posteriores) y me dispuse a pasar un rato convenientemente largo frente a la pantalla. Lo que mis ojos vieron aquella tarde destinada a dejar de ser mon&oacute;tona fue un peque&ntilde;o unicornio dibujado de tal manera que casi se asemejaba m&aacute;s a un perrito, y un mont&oacute;n de dioses malvados que, envidiosos de la capacidad innata del diminuto animal&nbsp;para hacer felices a quienes le rodeaban, ordenaban al viento que lo abandonara en una isla desierta. Como yo aquel d&iacute;a era una ni&ntilde;a peque&ntilde;a ten&iacute;a, al igual que el unicornio, un don, el&nbsp;de ver y comprender las cosas de una manera que en los d&iacute;as de mi edad adulta ya no soy capaz de hacer.&nbsp; <p>El pasado mes de febrero sali&oacute; a la venta en DVD por primera vez en Espa&ntilde;a la pel&iacute;cula <strong>&Uacute;nico, el peque&ntilde;o unicornio </strong>(The fantastic adventure of Unico, Jap&oacute;n 1981) de <strong>Osamu Tezuka</strong>, aunque yo he tardado algunos meses en adquirirla &ndash;pero qu&eacute; son unos meses despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os- , y tras visionarla por segunda vez&nbsp;despu&eacute;s de&nbsp;un lapso de tiempo tan largo comprend&iacute; que de peque&ntilde;a yo ya ten&iacute;a muy buen gusto.</p>Etiquetas: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/&uacute;nico">&uacute;nico</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/unicornio">unicornio</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/osamu+tezuka">Osamu Tezuka</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/anime">anime</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/pel&iacute;cula">pel&iacute;cula</a>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/03/26/casi-humanos">
	<title>Casi humanos</title>
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	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Audiovisual</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p>Inland Empire</p><p><img src="http://a4.vox.com/6a00ccff8a1886673100d09e79b80cbe2b-pi" alt="" width="430" /></p>]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/03/24/desde-mi-cielo">
	<title>Desde mi cielo</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/03/24/desde-mi-cielo</link>
	<dc:date>2008-03-24T11:43:32Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Literatura</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://distimia.bitacoras.com/desdemicielo.jpg" border="3" alt="" width="200" height="306" align="right" />Una ni&ntilde;a, Susie Salmon, es violada y asesinada. Eso sucede en este libro. En la vida real tambi&eacute;n ocurre frecuentemente, y a nosotros nos encanta contabilizar este tipo de noticias mientras permanecemos sentados en el sof&aacute; y movemos la cabeza para un lado y para el otro; un gesto de rechazo y de condena. Porque las desapariciones de ni&ntilde;as mueven las audiencias y las cabezas de las personas que forman &eacute;stas para un lado y despu&eacute;s para el otro unas cuantas veces. Pero en fin, quer&iacute;a hablar de este libro, que tiene un tema truculento y que es s&oacute;lo ficci&oacute;n y que con un punto de partida as&iacute; era obvio que s&oacute;lo pod&iacute;a ser un bestseller. Alice Sebold fue una t&iacute;a muy lista cuando decidi&oacute; que qu&eacute; mejor manera de triunfar y vender un gran n&uacute;mero de ejemplares que perge&ntilde;ando una historia s&oacute;rdida. Y <em>Desde mi cielo</em> es s&oacute;rdida en lo tocante al tema tratado, y dulce y triste en todo lo dem&aacute;s.</p><p>Susie ve desde su cielo las cosas que ha dejado en la Tierra y que ya no podr&aacute; vivir como adolescente o como adulta, pero sobre todo contempla el tremendo drama que vive su familia. Durante la lectura de las p&aacute;ginas en que su padre rompe su propia colecci&oacute;n de barcos en miniatura desesperado por el dolor, me puse a llorar como una tonta. La verdad es que la novela me atrap&oacute; muy pronto; me dejan anonadada ese tipo de autores que son capaces de enumerar tal cantidad de detalles, d&aacute;ndole as&iacute; cuerpo y calidez al relato y a los personajes de una manera que yo me ver&iacute;a totalmente incapaz de hacer. Son estos detalles peque&ntilde;itos como grabados los que logran que la historia sea firme y te la creas, y que cuando te digan que el se&ntilde;or Salmon est&aacute; muerto de pena y que por eso destroza esas reproducciones que tanto quiere, los ojos se te llenen de unas l&aacute;grimas que tal vez hac&iacute;a mucho tiempo que no te brotaban con una novela.</p><p>As&iacute; que en este mismo momento voy a poner <em>Desde mi cielo</em> en la lista de novelas estupendas y, mira t&uacute; por donde, va a lograr un segundo, merecido e inesperado, puesto en mi lista de novelas actuales favoritas. Ir&aacute; justamente detr&aacute;s de <em>Las v&iacute;rgenes suicidas</em>, con la que, para mi gusto, tiene m&aacute;s de un punto en com&uacute;n. Quiz&aacute;s uno de ellos sea la idea de la evocaci&oacute;n de lo que, por una raz&oacute;n u otra, se intuye lejano, y de la muerte en circunstancias traum&aacute;ticas. Pero, sobre todo, el gusto por introducir en cada p&aacute;gina monta&ntilde;as de detalles. Como dec&iacute;a Nabokov, &ldquo;acariciad los benditos detalles&rdquo;.</p>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2008/03/05/una-voz-que-oi">
	<title>Una voz que oí</title>
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	<dc:date>2008-03-05T18:57:26Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Personal</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p>Soy una chica cuyo peor sentido es el de la vista. A veces pudiera parecer sorda, pero se trata más bien de un intento patético de no escuchar según qué cosas. No es que no me gusten las imágenes bonitas; como algunas personas sé apreciar la belleza, pero es evidente que existe mucha más que la visual. Una de las cosas que más me gusta es una voz con una profundidad y una aspereza determinadas. Puedo oír una voz así y, si además adquiere tintes susurrantes, caigo de rodillas. Porque una voz es de las cosas que me fascinan y me atraen sensorialmente.</p><br />
<p>Con el gesto de una mano se puede acariciar el aire, rasgarlo, desprecintarlo. Se le puede dar una bofetada. Las sonrisas también tienen ese poder, te abofetean y te acarician, pero siempre hacen aparecer un hilillo colgante de conexión, como un diálogo. Un perfume te envuelve, es como una bocanada de aire que se aleja a toda velocidad y a la que apenas tienes tiempo de decir adiós, mucho menos de aceptarla. Ya no puedes añorarlo y ya está lejos. Y lo peor es que su recuerdo es como el del estribillo de una canción que te consta que te gusta pero que no consigues recordar. Buscas sustituto en un remedo de estribillo que no es el que quieres, pero que quizás podría serlo si no desafinaras tanto. Te dices que es por eso que no lo consigues recrear, le echas la culpa a tu propia ausencia de pericia. No obstante, ya es imposible que recuerdes esas notas concretas, y eso te martiriza.</p><br />
<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/11/02/vestido">
	<title>Vestido</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/11/02/vestido</link>
	<dc:date>2007-11-02T12:22:40Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Personal</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://distimia.bitacoras.com/vestido.jpg" border="3" alt="" width="200" height="227" align="right" />De peque&ntilde;a vest&iacute;a fatal. Poco me preocupaba por lo que llevaba puesto, y a veces llegaba a hacer combinaciones que la verg&uuml;enza me impide explicar. En la adolescencia la cosa cambi&oacute; mucho, aunque imagino que siempre es en esta &eacute;poca en la vida de cualquiera cuando m&aacute;s se agudiza la obsesi&oacute;n por la imagen propia. Necesitaba afirmarme y empec&eacute; a vestirme como mejor sab&iacute;a. Gastaba el poco dinero que ten&iacute;a en ropa y pasaba horas y d&iacute;as obsesion&aacute;ndome con aquello que me faltaba para alcanzar el aspecto perfecto. Era adicta a ello y nunca ten&iacute;a bastante. Viv&iacute;a en ese estado absoluto de ansiedad en que mi m&aacute;xima preocupaci&oacute;n era adquirir el objeto de mis sue&ntilde;os. Y cuando lo consegu&iacute;a era feliz un rato para en seguida volver a necesitar alguna cosa m&aacute;s. Llegu&eacute; a ser la persona con m&aacute;s estilo de todo el instituto, cosa f&aacute;cil por otra parte, aunque a un alto precio dado el tiempo que invert&iacute;a y la poca felicidad que a cambio obten&iacute;a. El resultado pod&iacute;a advertirlo en la forma en que me miraban algunos, en las notas recibidas de chicos que no se atrev&iacute;an a pedirme salir directamente. Digamos que ten&iacute;a &eacute;xito, todo funcionaba, hab&iacute;an ca&iacute;do en la trampa. Y yo me sent&iacute;a igual de vac&iacute;a que de costumbre, porque no dej&eacute; de ser una adolescente que muy en el fondo estaba sola y no conoc&iacute;a la verdadera forma de ser comprendida por los dem&aacute;s. S&oacute;lo dejaba de sentirme as&iacute; cuando, moment&aacute;neamente, obten&iacute;a el reconocimiento que supon&iacute;a que alguien me comentara lo bien que vest&iacute;a.</p><p>Y casi como una enso&ntilde;aci&oacute;n, de esa manera, recuerdo momentos como aquella ocasi&oacute;n en que durante una clase en la facultad una chica me toc&oacute; la espalda y cuando me gir&eacute; hacia ella me espet&oacute;: &ldquo;quer&iacute;a decirte que vistes mejor que nadie y que siempre me fijo&rdquo;. Hab&iacute;a olvidado completamente este episodio, puesto que fue archivado hace ya mucho, hasta que ayer mi madre me relat&oacute; el siguiente: una chica que m&aacute;s tarde asegur&oacute; no conocerme de nada le dijo que consideraba que yo ten&iacute;a mucha personalidad porque vest&iacute;a mejor que nadie en ese pueblo, el de mis padres, por el que yo me paseo muy de vez en cuando, y que no pod&iacute;a evitar fijarse en m&iacute; cuando me ve&iacute;a pasar cerca de su casa. Siempre me ha parecido interesante esta gente y encima la mar de jovial, porque yo morir&iacute;a ruborizada al intentar soltar a alguien tan aduladora confesi&oacute;n. Y por eso es la que m&aacute;s admiro.</p><p>Hoy en d&iacute;a, por lo general, estoy encantada con mis gustos en cuanto a moda y con todo lo que me pongo. Siempre hay gente a la que aprecio que destaca que tal o cual cosa que llevo es bonita, pero ya no necesito que lo hagan. Lo s&eacute; y no preciso como antes pasarme cada dos por tres un d&iacute;a de compras buscando algo espec&iacute;fico que seguramente s&oacute;lo exista en mi imaginaci&oacute;n. De hecho, apenas salgo ya de compras. Mi estilo es algo tan asentado a estas alturas que casi no necesita variaciones, as&iacute; que me siento tan segura de &eacute;l que ya no envidio nada de las chicas bien vestidas que pueda encontrar en el metro, que, como siempre, tampoco son tantas.</p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" id="radioblog_player_-1" width="180" height="23"><param name="id" value="radioblog_player_-1" /><param name="width" value="180" /><param name="height" value="23" /><param name="bgcolor" value="#ECECEC" /><param name="src" value="http://stat.radioblogclub.com/radio.blog/skins/mini/player.swf" /><param name="flashvars" value="id=-1&amp;filepath=http://www.radioblogclub.com/listen?u=.8yck5WdvN3LyFWbhRnbpRnclJ0LyZmLlVmcm5ibpRnclJmLlhGcvR3cpJ3Y/106%2520PJ%2520Harvey%2520-%2520Grow%2520Grow%2520Grow.rbs&amp;colors=body:#ECECEC;border:#BBBBBB;button:#999999;player_text:#999999;playlist_text:#999999;" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><embed type="application/x-shockwave-flash" id="radioblog_player_-1" width="180" height="23" bgcolor="#ECECEC" src="http://stat.radioblogclub.com/radio.blog/skins/mini/player.swf" flashvars="id=-1&amp;filepath=http://www.radioblogclub.com/listen?u=.8yck5WdvN3LyFWbhRnbpRnclJ0LyZmLlVmcm5ibpRnclJmLlhGcvR3cpJ3Y/106%2520PJ%2520Harvey%2520-%2520Grow%2520Grow%2520Grow.rbs&amp;colors=body:#ECECEC;border:#BBBBBB;button:#999999;player_text:#999999;playlist_text:#999999;" allowscriptaccess="always"></embed></object>]]></content:encoded>
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<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/31/en-el-fin-de-la-noche">
	<title>En el fin de la noche</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/31/en-el-fin-de-la-noche</link>
	<dc:date>2007-10-31T11:22:49Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Literatura</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img style="width: 246px; height: 283px" src="http://a0.vox.com/6a00ccff8a1886673100e398adfe000005-pi" border="3" alt="C&eacute;line" width="303" height="336" align="right" /> Uno de mis escritores favoritos es<a href="http://www.elmundo.es/elmundolibro/2001/05/20/anticuario/990203934.html" target="_blank"> Louis-Ferdinand C&eacute;line</a>. En realidad, cuando digo esto me baso en la opini&oacute;n que me merece el &uacute;nico libro suyo que he le&iacute;do y que, al parecer, es un&aacute;nimemente considerado el mejor. Se trata de &ldquo;Viaje al fin de la noche&rdquo;, deprimente relato de las idas y venidas del alter ego de nuestro novelista; Bardam&uacute;, que as&iacute; se apellida el trasunto, pasar&aacute; por la guerra, por la colonizaci&oacute;n africana, por el sue&ntilde;o americano, para acabar en un modesto papel de m&eacute;dico a las afueras de Par&iacute;s con la sensaci&oacute;n de haber fracasado siempre, de no haber llegado nunca a comprender su vital necesidad de huir. Huir, &eacute;sa es la clave. Cuando C&eacute;line la pone sobre el tapete -y lo hace adem&aacute;s desde una perspectiva solemnemente depresiva y desenga&ntilde;ada respecto al resto de humanidad que lo rodea- a m&iacute; no me queda m&aacute;s remedio que permitir que se me erice el vello de las extremidades de la emoci&oacute;n.</p><p>A&ntilde;ado estas esclarecedoras l&iacute;neas a modo de ejemplo: &ldquo;a fuerza de verte echado a la calle en todas partes, seguro que acabar&aacute;s descubriendo lo que da tanto miedo a todos, a todos esos cabrones, y que debe encontrarse al fin de la noche. &iexcl;Por eso no van ellos hasta el fin de la noche!&rdquo;.</p><p>Simplemente lo venero con todas mis fuerzas y poco me importan sus filias nazis, porque estoy convencida de que en realidad no se sent&iacute;a cercano a esto, sino que lo que ocurri&oacute; fue que lleg&oacute; a estar tan decepcionado con el mundo entero que no pudo evitar ciertas actitudes deplorables y c&iacute;nicas dirigidas al com&uacute;n del g&eacute;nero humano. Yo creo que en el fondo era m&aacute;s un anarquista que un fascista, un anarquista taciturno al que no le iban precisamente las afirmaciones pol&iacute;ticamente correctas.</p>Etiquetas: <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/louis-ferdinand+c&eacute;line">Louis-Ferdinand C&eacute;line</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/libros">libros</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/literatura+francesa">literatura francesa</a>, <a rel="tag" href="http://bitacoras.com/canales/viaje+al+fin+de+la+noche">viaje al fin de la noche</a>]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/30/en-la-carretera">
	<title>En la carretera</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/30/en-la-carretera</link>
	<dc:date>2007-10-30T11:14:57Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Fobias</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p>No importa lo bien que conduzcas, siempre has de estar pendiente de esa cantidad de pirados que pueblan las carreteras y que hacen cosas tan extrañas como adelantarte en línea continua en una vía secundaria con su familia a bordo para sacarle a su trayecto una ventaja de apenas treinta metros. Como en el coche estamos todos callados digo que toda esa gente vive como conduce, esperando llegar siempre a otro lado y, cuando está en otro lado, esperando llegar a otro lado. Este tipo de personas es el que se traga programas como <i>Gente</i> o <i>España directo</i>, o que sólo podría vivir en ellos, en la sección de sucesos. Y como su vida es una mierda quiere ver programación que también lo sea, y como la programación es una mierda, se convence aún más de que vive en un mundo de mierda y exige más de ésta en ese tótem de su hogar que es la tele, y así continúa por siempre en un bucle infinito de feedback televisivo. Yo, en estos casos, prefiero dejar el aparato apagado y estirarme en el sofá cómodamente. De hecho, éstas son noticias o pedazos de un lugar que no necesito conocer, y en mi ignorancia soy bastante más feliz que esa gente tan informada. Poco me puede ayudar saber a quién han atropellado hoy o a quién robaron con violencia en su propia casa anoche. En la mía no dejo que entre este material tóxico, tengo suficiente con darle al botón de apagado del mando a distancia para cerrar el vórtice.</p><br />
<p>Como estamos escuchando la banda sonora de <a href="http://www.deathproof.net/" target="_blank"><i>Death Proof</i></a> aún tengo más miedo, porque soy consciente que el loco de la película no sería algo demasiado improbable en un mundo de adictos a los programas de sucesos. Digo que mucha gente piensa que existe en un videojuego, vista la manera en que conduce. Seguramente todavía cree que le queda unas cuantas vidas que agotar. A. dice que qué bonita era la montaña y que, incluso, que qué bien sentaba oler estiércol en lugar de dejar entrar por las fosas nasales este aire saturado de la contaminación de las fábricas y que, visto desde aquí, esto no es más que un horroroso escalextric y que la civilización no tiene mucha gracia.</p><br />
<p>En fin, que como la vida es ridícula y en la carretera una ve eso con demasiada claridad, en circunstancias como éstas, y sobre todo en los atascos, yo siempre recuerdo la escena de la absurda caravana de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Luc_Godard" target="_blank"><i>Weekend</i></a>.</p><br />
<p><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/wC9d9rxjuhg&color1=0xd6d6d6&color2=0xf0f0f0&border=0"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/wC9d9rxjuhg&color1=0xd6d6d6&color2=0xf0f0f0&border=0" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"  align="center"></embed></object></p><br />
<br />
<br />
<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/27/ninos">
	<title>Niños</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/27/ninos</link>
	<dc:date>2007-10-27T21:41:25Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Personal</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy he estado comiendo con la familia de mi madre, la única parte de familia que de verdad puedo soportar. Y ésta me gusta, entre otras cosas, porque tiene una casa enorme llena de perros felices que corretean bajo el tendido de parras del patio y te traen la pelota de tenis para que juegues con ellos, como si te conocieran de siempre. Los animales son así de básicos y amables, y la familia de mi madre también se comporta de esta manera. Te hace sentir como en casa, pese a que hace ocho años que no la veía. Mientras que ellos sólo han envejecido, a mí a duras penas me reconocían, porque se puede decir que desde entonces he cambiado bastante. Ahora soy mayor. Cuando mi prima ha recordado la última vez que nos vimos me ha parecido increíble e imperdonable que yo no hubiera mostrado ningún interés por visitarlos en tanto tiempo. Me he sentido realmente responsable de algo muy grave.</p><br />
<p>Después de comer hemos paseado por la playa y he visto a lo lejos el rompeolas, y, en el mismo plano visual, lo cercanas que parecían las calas de otros pueblos que yo creía alejados. Le he dicho a mi tía que siempre he querido tener una cometa que poder hacer volar corriendo por la arena. Aunque no es del todo cierto; de pequeña me hubiera encantado, ahora, a estas alturas, me sentiría un poco estúpida.</p><br />
<p>También me gustan las dos hijas de mi prima, dos niñas rubitas de cuatro y seis años con pestañas larguísimas y fisonomía de guiris. La mayor con su vestido, sus coletas y sus mofletes parecía una alemanita de la Selva Negra. Todo el tiempo querían hacer barquitos de papel y ponerlos a navegar en la piscina, y para ampliar la flota bastante rápido me han forzado a trabajar en ello sin parar. Cuando pensaba que por fin estaban satisfechas y mi labor ya había concluido volvían a aparecer con nuevas hojas de papel que doblar. A mí los niños me agotan bastante, en parte porque, por alguna razón, les gusto y se me pegan, pese a que la mayoría de veces me muestro un poco antipática a propósito para repelerlos. En este caso eran dos niñas bastante soportables, pero querían que me trasladara a su emocionante mundo de juegos infantiles en lugar de permitirme perderme en la conversación de los mayores, que yo creía que era el lugar que por derecho me correspondía. Pero el mundo de los mayores parece ser algo que no va del todo conmigo y los niños se dan cuenta. Yo intento apartarme de ellos y fingir que soy adulta y todo eso, pero saben que no es cierto, o que al menos no me lo acabo de creer. Los niños notan estas cosas. Así que no me suele quedar más remedio que unirme a ellos y participar en lo que hacen. Cuando han sacado sus ridículas muñecas Polly Pocket y las han empezado a vestir he visto con claridad que ya no había nada que pudiera hacer para librarme.</p><br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/22/felicidad-absoluta">
	<title>Felicidad absoluta</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/22/felicidad-absoluta</link>
	<dc:date>2007-10-22T12:26:53Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Personal</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo la época en que buscábamos fósiles y almendras. Eran dos cosas que hacíamos sin distinción alguna entre ellas. Una vez, en aquel lugar en el que nos dedicábamos a eso, me estiré sobre la hierba, bajo un árbol, y sonó el reloj de una iglesia cercana dando la hora. No sé por qué, pero tuve un momento de felicidad absoluta.</p><br />
<p>Muchas veces, después, intenté repetir ese momento; busqué un paisaje similar y me tumbé en él. Cuando suena el reloj del hospital, a veces, pienso en eso, en tener mi instante de clímax. No obstante, todo son sucedáneos. El momento perfecto, la felicidad absoluta nunca he podido planearla del todo, es más huidiza que un gorrión de los que veo cuando estoy sentada en el banco de un parque intentando recrear ese momento una vez más.</p><br />
<p>Es curioso, pero creo que por fin lo tengo, ahora barajo la idea de conocer cuál es el secreto. Me falta la persona con la que viví aquel momento. El ingrediente misterioso de la receta quizás sea ése.</p><br />
<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/21/malditos-peluches">
	<title>Malditos peluches</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/21/malditos-peluches</link>
	<dc:date>2007-10-21T13:52:59Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Fobias</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://distimia.bitacoras.com/applehead_rita.jpg" style="float:right; "title="grrrrr"/>No me gustan los peluches. Pero es que nada.</p><br />
<p>Cuando era una preadolescente a todas mis amigas les encantaban los animales de peluche y, en una ocasión, para mi cumpleaños, me regalaron un koala amarillo que ellas consideraban monísimo y muy acertado, así que tras desenvolver el paquete tuve que disimular el desprecio que me merecían sus lamentables gustos con una hipócrita sonrisa. En aquel momento las detesté y supe que ya no habría remedio, que siempre me sentiría alejada de ellas, diferente e incomprendida. Años más tarde, nuevamente en ocasión de mi cumpleaños, llegué por la noche a casa y abrí la puerta de mi habitación a oscuras y tuve que contenerme para no soltar un grito tras distinguir una monstruosa silueta sentada en la silla de mi escritorio. Hice acopio de valor en lugar de salir corriendo, no de miedo sino de vergüenza y humillación, y encendí la luz para comprobar que la silueta no correspondía ni a un ser vivo ni a una criatura del más allá, sino a una mullida y gigantesca mariquita que mi madre, absoluta ignorante de los gustos de su hija, había tenido a bien regalarme. Así quedé convencida del insoportable hecho de que yo era una total desconocida para el universo en general. No sólo mis amigas y novios decidían hacerme todavía un poquito más amargo el trago de cumplir años, sino que mis propios progenitores poco o nada demostraban saber de mí. ¿Cómo se las habían apañado para suponer que podían gustarme los peluches? Nunca en toda mi vida he mostrado interés ante la visión de uno. Ni en tiendas ni en casas ajenas. ¿Por qué entonces? ¿Por qué empecinarse en ello? Y digo empecinarse porque he seguido padeciendo otros episodios igualmente traumáticos relacionados con peluches, pero por hoy ya basta. Desde luego.</p><br />
<br />
<br />
<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/20/merce-rodoreda">
	<title>Mercè Rodoreda</title>
	<link>http://distimia.bitacoras.com/archivos/2007/10/20/merce-rodoreda</link>
	<dc:date>2007-10-20T10:59:42Z</dc:date>
	<dc:creator>distimia</dc:creator>
	<dc:subject>Literatura</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://distimia.bitacoras.com/rodoreda.jpg" alt="" title="Merc&egrave; Rodoreda" align="right" />Le&iacute; por primera vez a Merc&egrave; Rodoreda en el instituto, cuando me mandaron &ldquo;Mirall trencat&rdquo; para la clase de catal&aacute;n.</p><p>Tras ese libro obligatorio decid&iacute; que ya no pod&iacute;a vivir sin sus novelas. Y, aunque otros autores como Vladimir Nabokov me gustan mucho, he de admitir que no encuentro en la trayectoria de &eacute;ste la cantidad de obras maestras que s&iacute; que aprecio en la de la Rodoreda. De hecho, pese a los estilos tan diferentes de ambos, no me cuesta percibir similitudes entre algunos de los mejores momentos de &ldquo;Mirall trencat&rdquo; y &ldquo;Ada o el ardor&rdquo;, que son aquellos en que unos ni&ntilde;os crecen y juegan alejados de las vista de sus padres en un inquietante jard&iacute;n paradis&iacute;aco, planeando incestos.</p><p>La dulzura e inocencia que a algunos les pudieran parecer casi empalagosas en la escritura de Merc&egrave; Rodoreda es en cierto sentido m&aacute;s amoral que la actitud c&iacute;nica de otros novelistas. Ella nunca juzga a sus personajes, y eso es algo que ni Nabokov pudo evitar hacer en lo tocante a Humbert Humbert.</p><p>Por &uacute;ltimo, dir&eacute; que no necesito ni incluir un peque&ntilde;o fragmento de una de sus novelas para demostrar lo buena que es. Me basta con copiar un trozo del pr&oacute;logo que escribi&oacute; para &ldquo;Mirall trencat&rdquo;. Traduzco del catal&aacute;n y as&iacute; me permito un rato de renovado placer mientras lo hago, a la vez que intento comprobar si me fascina igual.</p><p><em>&ldquo;La Perla del Lago es un restaurante cerca del Leman. Cerrado en invierno, en verano es un lugar encantador. En la terraza toman el t&eacute; se&ntilde;oras y se&ntilde;ores ginebreses felices de haber nacido en Suiza, para&iacute;so de Europa. Entre trago y trago de t&eacute; ves el agua cortada por esquiadores n&aacute;uticos, por lanchas motoras, por barquitos de vela, por vapores blancos con la chimenea negra y amarilla que hacen la traves&iacute;a del lago. El restaurante est&aacute; rodeado de jardines, de cedros y de tilos centenarios, de una locura de flores, de tendidos de hierba sin una brizna que no tenga un verde de esmeralda. Una tarde, a la puesta del sol, una se&ntilde;ora ya mayor baj&oacute; de un Rolls, se acerc&oacute; al muro a ras del lago y se qued&oacute; tan inm&oacute;vil que no parec&iacute;a de verdad. Llevaba joyas, cosa rara en una ginebresa: un brazalete ampl&iacute;simo de brillantes y de zafiros. Al cabo de un rato se fue. &iquest;Qu&eacute; deb&iacute;a pensar contemplando las barcas, el agua con sol y cielo desmenuzados encima, el vapor que pasaba haciendo sonar la sirena con alegr&iacute;a? &iquest;Pensaba en ella? &iquest;Reve&iacute;a su juventud? &iquest;Ve&iacute;a algo o no ve&iacute;a nada, tan profundamente perdida en sus recuerdos? M&aacute;s tarde, cuando, sin esforzarme por pensar, volv&iacute; a pensar, no sab&iacute;a si ten&iacute;a los cabellos rubios o negros, no lo s&eacute;. Recordaba sus ojos, que, un momento, toparon con los m&iacute;os; unos ojos de color indefinido en donde se hab&iacute;a ido acumulando mucha vida. Una imagen de refinamiento, un poco fuera del mundo, un poco diferente de todo. Al crear a Teresa Goday de Valldaura, le di los ojos de la dama del Leman.&rdquo;</em></p><p>El a&ntilde;o que viene, conmemorando el centenario de su nacimiento, se celebrar&aacute; el a&ntilde;o Merc&egrave; Rodoreda, y yo es que me pongo sentimental s&oacute;lo de pensarlo, porque aunque a m&iacute; este tipo de aniversarios suelen abochornarme m&aacute;s que otra cosa, &eacute;ste en concreto representa para m&iacute; una ocasi&oacute;n especial para adentrarme a&uacute;n m&aacute;s en sus obras.</p>]]></content:encoded>
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