La mística del bolso
Archivado en Fobias Fecha: 19-07-2008 11:31:42Veamos. Hoy me apetece hablar de bolsos. Puedo conceder que no sea un tema interesante para algunos, y más si no pienso en deleitarme con el, en algunos casos, atractivo exterior, sino desplegando una diatriba sobre las características inherentes, latentes. En fin, que me quiero poner filosófica.
Los bolsos. Los hay bonitos y feos (la mayoría suelen parecerme de este segundo tipo), útiles o inútiles. Incluso lo hay que consiguen sacarte de quicio porque se esfuerzan en engullir todo lo que metes en ellos de tal manera que es casi imposible hacérselo vomitar después (este tipo es el bolso agujero negro). Pero todos, por increíble que pueda parecer, comparten una misma característica: generan un sinfín de necesidades femeninas. Algunos hombres, por envidia (se ha hablado largo y tendido de la envidia de pene freudiana, pero yo veo más común este otro trastorno que se produce en los varones) han decidido hacerse con uno de esos horrorosos bolsos para machos que pretender ser disimulados bajo el ridículo nombre de “bandolera”. Siempre me pregunto de qué término latín (o griego) debe proceder. Hum, un tema interesante, pero no sigamos por el lado de lo lingüístico. Yo lo que quiero decir, ni más ni menos, es que el bolso como objeto creó una necesidad; el continente se convirtió en algo más importante que el contenido. Y muchas mujeres, la mayoría de hecho, nos esforzamos por alimentar a nuestro animal glotón a base de cosas innecesarias desde el momento que le sacan del estómago el papel de periódico que hasta entonces lo llenaba. Y nosotras, venga a llenar ese espacio. Llenarlo hasta reventar, como si en lugar de un objeto glotón fuera nuestro bebé glotón, y todo el mundo sabe que las madres siempre quieren que sus niños estén excesivamente bien alimentados.
¿Somos las mujeres víctimas de unas sociedad que nos obliga a llevar un trozo de tela con cremallera y asas a todas partes? ¿No es si lo pensamos bien un tanto ridículo que la silueta femenina se vea acompañada a casi todas partes por este complemento (imaginaos tan sólo un momento posando para una foto con uno y pretender resultar sugerente)? Porque el bolso es un complemento tenido en gran estima pero, ¿hasta qué punto no debería más bien ser denostado por su naturaleza despótica? ¿En qué clase de mundo vivimos que nos obliga a cargarnos al hombro todo este montón de trastos, que nos hace movernos siempre con nuestra casa al hombro, que nos hace temer continuamente que allá dónde vayamos no encontraremos todo lo necesario para sobrevivir y que más vale que lo transportemos encima?
Una esclavitud impuesta hace mucho por alguna sórdida mente masculina. Un tirano. Algo Infinitamente más vil y pero que mucho más maquiavélico que un burka. Eso es nuestro bolso. Así que yo digo; quememos nuestro bolso como gesto de liberación sexual, así como las mujeres de otra generación quemaron sus sujetadores. Sed libres, hermanas, os lo merecéis, lleváis demasiado tiempo oprimidas (y cargadas).