Laburo España: 250.000 ofertas de empleo
>> distimia >>

Vestido

Archivado en Personal � Fecha: 02-11-2007 12:22:40

De pequeña vestía fatal. Poco me preocupaba por lo que llevaba puesto, y a veces llegaba a hacer combinaciones que la vergüenza me impide explicar. En la adolescencia la cosa cambió mucho, aunque imagino que siempre es en esta época en la vida de cualquiera cuando más se agudiza la obsesión por la imagen propia. Necesitaba afirmarme y empecé a vestirme como mejor sabía. Gastaba el poco dinero que tenía en ropa y pasaba horas y días obsesionándome con aquello que me faltaba para alcanzar el aspecto perfecto. Era adicta a ello y nunca tenía bastante. Vivía en ese estado absoluto de ansiedad en que mi máxima preocupación era adquirir el objeto de mis sueños. Y cuando lo conseguía era feliz un rato para en seguida volver a necesitar alguna cosa más. Llegué a ser la persona con más estilo de todo el instituto, cosa fácil por otra parte, aunque a un alto precio dado el tiempo que invertía y la poca felicidad que a cambio obtenía. El resultado podía advertirlo en la forma en que me miraban algunos, en las notas recibidas de chicos que no se atrevían a pedirme salir directamente. Digamos que tenía éxito, todo funcionaba, habían caído en la trampa. Y yo me sentía igual de vacía que de costumbre, porque no dejé de ser una adolescente que muy en el fondo estaba sola y no conocía la verdadera forma de ser comprendida por los demás. Sólo dejaba de sentirme así cuando, momentáneamente, obtenía el reconocimiento que suponía que alguien me comentara lo bien que vestía.

Y casi como una ensoñación, de esa manera, recuerdo momentos como aquella ocasión en que durante una clase en la facultad una chica me tocó la espalda y cuando me giré hacia ella me espetó: “quería decirte que vistes mejor que nadie y que siempre me fijo”. Había olvidado completamente este episodio, puesto que fue archivado hace ya mucho, hasta que ayer mi madre me relató el siguiente: una chica que más tarde aseguró no conocerme de nada le dijo que consideraba que yo tenía mucha personalidad porque vestía mejor que nadie en ese pueblo, el de mis padres, por el que yo me paseo muy de vez en cuando, y que no podía evitar fijarse en mí cuando me veía pasar cerca de su casa. Siempre me ha parecido interesante esta gente y encima la mar de jovial, porque yo moriría ruborizada al intentar soltar a alguien tan aduladora confesión. Y por eso es la que más admiro.

Hoy en día, por lo general, estoy encantada con mis gustos en cuanto a moda y con todo lo que me pongo. Siempre hay gente a la que aprecio que destaca que tal o cual cosa que llevo es bonita, pero ya no necesito que lo hagan. Lo sé y no preciso como antes pasarme cada dos por tres un día de compras buscando algo específico que seguramente sólo exista en mi imaginación. De hecho, apenas salgo ya de compras. Mi estilo es algo tan asentado a estas alturas que casi no necesita variaciones, así que me siento tan segura de él que ya no envidio nada de las chicas bien vestidas que pueda encontrar en el metro, que, como siempre, tampoco son tantas.


Referencias (URL para referencias)

Comentarios


Es curioso, pero yo tambien pasé por una fase de autoafirmación de mi personalidad a través de la forma de vestirme, aunque en mi caso llegó un poco después de la adolescencia. Hoy día me pasa igual que lo que cuentas, casi no necesito tardo nada en comprar ropa, porque casi no tengo que pensar lo que me gusta... las raíces ya están demasiado profundas.

Saludos...

Pasear por el filo


Comentario de Caminante Kamikaze el el 11/03 a las 13:05

Comentar



Recordar datos