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Malditos peluches

Archivado en Fobias � Fecha: 21-10-2007 13:52:59

No me gustan los peluches. Pero es que nada.

Cuando era una preadolescente a todas mis amigas les encantaban los animales de peluche y, en una ocasión, para mi cumpleaños, me regalaron un koala amarillo que ellas consideraban monísimo y muy acertado, así que tras desenvolver el paquete tuve que disimular el desprecio que me merecían sus lamentables gustos con una hipócrita sonrisa. En aquel momento las detesté y supe que ya no habría remedio, que siempre me sentiría alejada de ellas, diferente e incomprendida. Años más tarde, nuevamente en ocasión de mi cumpleaños, llegué por la noche a casa y abrí la puerta de mi habitación a oscuras y tuve que contenerme para no soltar un grito tras distinguir una monstruosa silueta sentada en la silla de mi escritorio. Hice acopio de valor en lugar de salir corriendo, no de miedo sino de vergüenza y humillación, y encendí la luz para comprobar que la silueta no correspondía ni a un ser vivo ni a una criatura del más allá, sino a una mullida y gigantesca mariquita que mi madre, absoluta ignorante de los gustos de su hija, había tenido a bien regalarme. Así quedé convencida del insoportable hecho de que yo era una total desconocida para el universo en general. No sólo mis amigas y novios decidían hacerme todavía un poquito más amargo el trago de cumplir años, sino que mis propios progenitores poco o nada demostraban saber de mí. ¿Cómo se las habían apañado para suponer que podían gustarme los peluches? Nunca en toda mi vida he mostrado interés ante la visión de uno. Ni en tiendas ni en casas ajenas. ¿Por qué entonces? ¿Por qué empecinarse en ello? Y digo empecinarse porque he seguido padeciendo otros episodios igualmente traumáticos relacionados con peluches, pero por hoy ya basta. Desde luego.



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